El parto siempre ha sido considerado un tema de mujeres. Cuentan incluso que en los casos más complicados en los que era necesaria la participación de un cirujano éste debía someterse a toda una serie de extravagancias para no ser reconocido por el esposo de la parturienta.
Con los años, el hecho de que fuese el hombre el encargado de atender los alumbramientos fue ganando adeptos. El médico no se limitaba esperar en la antecámara, sino que llegó a ser considerado uno de los más destacados protagonistas en el momento del parto.
Las matronas lejos de abandonar esta estimada profesión que habían mantenido durante siglos, no se amedrentaron por esta situación, defendieran su labor y desbordaron el ámbito del equipo de parto y del servicio de maternidad de los hospitales, introduciéndose en otros muchísimos sectores fuera incluso de todas las estructuras hospitalarias.
En la sala de maternidad, una de las tareas más apasionante de las matronas es la atención a la madre en el parto. Pero su oficio empieza, incluso, antes del mismo, cuando preparan a la mamá aplicándole suelo o poniéndole el monitor.
En el momento del parto la labor de una matrona es impagable, pues brindan todo su aliento a las madres que están pasando por uno de los momentos más emocionantes de sus vidas.
Una vez el feto nace, la labor didáctica de las matronas queda libre de toda ayuda. Enseñan pacientemente todos y cada uno de los cuidados que el bebé necesita en sus primeros meses de vida.
Fuera de la sala de maternidad, las matronas realizan cursos de educación maternal, aunque realmente, la labor de estas mujeres también abarca la etapa de la adolescencia y la menopausia.
Así pues, el abanico de posibilidades que las matronas pueden desarrollar es tan amplio que requiere una preparación profesional equiparable. Muchas matronas complementan sus estudios esenciales con otros muchos cursos de gran utilidad para su profesión; pediatría, monitorización fetal, psicología…


Las matronas: El gran apoyo de toda mujer embarazada